Bertha Benz y su histórico viaje

BBenz

Bertha Benz

En 1886, Carl Benz patentó su más grande invención: el automóvil. Sin embargo fue considerado sólo una curiosidad más que un medio de transporte. Benz era un genio de la ingeniería pero no sabía cómo captar la atención de inversionistas ni del público en general; era además un perfeccionista con tendencias depresivas que no le permitían valorar la grandiosidad de su creación. Luego de años de miseria y frustración, Bertha Benz se propuso dejar la invención de su esposo en los libros de historia y hacer realidad el sueño que compartían.

Bertha nació en la ciudad de Pforzheim en 1849 en el Gran Ducado de Baden (hoy sur-oeste de Alemania). Cuando niña disfrutaba principalmente las clases de ciencias naturales y estaba fascinada con el funcionamiento de las locomotoras a vapor. Fue justamente durante uno de los tantos viajes en tren con su adinerada familia donde conoció a un empobrecido pero visionario ingeniero. Carl Benz le contó su sueño de un futuro con carruajes sin caballos y sus planes para lograrlo. Bertha se sintió completamente cautivada por Carl y sus anhelos. Su padre se oponía a la relación, su hija merecía alguien de su nivel social según él. Convencida del éxito a largo plazo y la revolución que conllevaría como medio de transporte, Bertha convenció a su padre de permitirle invertir su herencia en las invenciones de Carl; finalmente se casaron en 1872.

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Carl Benz

A pesar de provenir de una familia muy humilde, sostenida por el trabajo de su padre como conductor de locomotoras, Carl aprobó los exámenes de admisión en la Universidad Técnica de Karlsruhe (hoy Karlsruhe Institute of Technology) y se graduó con honores de ingeniería mecánica con sólo 19 años de edad. Carl comenzó el desarrollo de una serie de invenciones que formarían parte de su pieza magistral y su obsesión desde que tenía 15 años, cuando recorría las calles de Karlsruhe en su bicicleta: el carruaje sin caballos. Bertha jugó un rol fundamental apoyando moral y económicamente a Carl y los cinco hijos que tuvieron. Bertha proporcionaba contactos y su influencia social para atraer inversionistas, además del carisma para hacer negocios durante el día y ayudar a Carl en su taller en las noches. En 1883 la familia se mudó a la ciudad industrial de Mannheim, donde Carl y unos asociados fundaron Benz & Cia. Su genialidad en esos años se manifestó en una impresionante lista de invenciones: el motor de dos tiempos, bujías y sus chispas para producir combustión interna, el sistema de aceleración, el carburador, el embrague, la caja de cambios y el radiador de agua. Cada día después de hacer dormir a los niños Bertha se quedaba hasta altas horas de la noche con su esposo en el taller fabricando y perfeccionando piezas, además de animándolo cuando era necesario. En 1885 Carl terminó de construir su vehículo de tres ruedas y obtuvo la patente a principios de 1886. Su desarrollo estuvo lleno de fracasos, frustraciones y la continua insatisfacción de Carl, además de muchos problemas económicos. Luego de obtener la patente Benz organizó una demostración pública de su Benz Patent-Motorwagen, la que resultó un fracaso al chocar con una pared debido a lo difícil de maniobrar el vehículo. Modificaciones y mejoras durante 1886 llevaron al modelo 2, sin embargo nadie parecía interesarse en su invención. El mundo parecía no estar preparado para el motorwagen que era visto como una curiosidad sin valor comercial ni posibilidades de competir con el caballo, el medio de transporte de personas y mercancía para largas distancias.

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Benz Patent-Motorwagen modelo 2

En 1888 el motorwagen sólo había sido usado en cortos recorridos de prueba y demostraciones en un par de calles pero había consumido la fortuna de Bertha y la energía de Carl. Luego de años intentando atraer inversionistas Benz estuvo a punto de renunciar a su sueño varias veces, sólo el apoyo de su esposa lo animaba nuevamente. La cercanía de Bertha en el taller fabricando piezas y realizando pruebas de los motores la llevó no sólo a aprender cómo conducir el vehículo sino que también a entender todos los detalles de su funcionamiento. Bertha le propuso que demostrara uno de los tres prototipos en un viaje de larga distancia, según ella era la única manera de llamar la atención y demostrarle al mundo que el motorwagen sería el medio de transporte del futuro. Dado su perfeccionismo, Carl se oponía ya que siempre encontraba que algo podía mejorarse, además el motorwagen no estaba listo para un vaje largo, nadie se atrevería a semejante locura.

Bertha era una mujer decidida y muy persistente. Ella sabía el gran potencial que el automóvil tenía y la revolución que produciría. Dado que la oportunidad para mostrar el motorwagen al mundo no llegaba y su esposo no se atrevía a dar una demostración atrevida, Bertha optó por dejar su rol pasivo y decidió que era hora de tomar el asiento del conductor, literalmente. A escondidas de Carl y con el pretexto de visitar a su madre, planeó un viaje desde Mannheim hasta Pforzheim, más de 100 kilómetros al sur. Bertha sabía que 100 km era más que “larga distancia” (a fines del siglo XIX) y que si lograba su objetivo demostraría la revolución que el motorwagen representaba. En vez de gasolina el vehículo usaba un solvente llamado ligroína y con un estanque de sólo un par de litros era claro que sería necesario encontrar combustible. Luego de calcular hasta dónde llegaría, Bertha planeó su ruta de tal manera que alcanzaría a llegar a una pequeña villa al sur de Heidelberg llamada Wiesloch, donde podría comprar ligroína en la farmacia local.

Bertha-Benz_film1

Escena de la película “Carl & Bertha”

La mañana del 5 de agosto de 1888, Bertha se levantó antes del amanecer sin que Carl se enterara. Despertó a sus hijos Richard (14) y Eugen (15) y los sentó en uno de los tres motorwagen junto a una canasta con fruta y agua para el viaje, el primer viaje larga distancia en un automóvil de la historia. El viaje no sería fácil, con rutas sólo usadas por carruajes tirados por caballos el terreno era escabroso. Bertha planeó el viaje también como una prueba del vehículo, anotando cada detalle que podría ser mejorado. En empinadas subidas las dos velocidades del motorwagen no eran suficientes y era necesario empujarlo. Siguiendo la ruta planeada, Bertha y sus hijos eran saludados por cientos de curiosos que se acercaron a ver el paso de este monstruo mecánico que echaba humo mientras cruzaba los campos bajo el sol del verano. Mucha gente miraba con temor esta bestia que se movía sin necesidad de ser tirado o empujado. En un momento el vehículo comenzó a echar más humo de lo esperado y repentinamente se detuvo. Luego de varios intentos fallidos de arrancar el motor nuevamente, Bertha pensó en que el polvo del camino estaba bloqueando una de las cañerías del combustible. Ante la falta de herramientas sacó uno de los largos y elegantes alfileres de su sombrero con el que destapó las cañerías. El motorwagen volvió inmediatamente a la vida y los Benz continuaron su histórico viaje.

Como estaba planeado, antes de terminar su estanque de combustible Bertha y los niños llegaron a la gran farmacia de Wiesloch (Stadt-Apoteke). Ante la mirada atónita de la gente en la plaza del pueblo y luego de detener el vehículo, Bertha tomó su largo y ya polvoriento y manchado vestido, bajó del carruaje sin caballos y entró a la farmacia. Mientras, más y más curiosos se acercaron a ver el vehículo de cerca. Bertha le pidió al boticario venderle todas las botellas de ligroína que tuviese, el que gentilmente le dijo que una botella era suficiente para remover las manchas en su vestido. Ella insistió en su orden, la que entregó a sus niños para llenar el estanque ante la mirada expectante de cientos de personas.

Wiesloch_Stadtapotheke

Monumento de Bertha Benz frente a la farmacia de Wiesloch, la primera gasolinera

A esta hora del día otros cientos de personas habían visto el paso del motorwagen y los telégrafos no paraban de transmitir mensajes sobre el novedoso vehículo, el cual la gran mayoría nunca había visto. Periodistas en Wiesloch le preguntaron a Bertha a dónde se dirigía y se comunicaron con otros en la ruta, los que salieron a esperar el paso de los Benz. Los problemas continuaron, los que desafiaron la inventiva de Bertha. El principal era el desgaste de los frenos, que consistía en una simple barra de madera contra las ruedas, lo que hacía peligroso el descenso de las colinas. Bertha decidió hacer una parada no planificada en otra pequeña villa y se dirigió a una zapatería. Compró dos pares de suelas de zapato, las que instaló en el extremo de la barra que frenaba las ruedas. Con esta solución improvisada Bertha Benz inventó las pastillas de freno, usadas hasta nuestros días. En cada parada también rellenaban el radiador con agua. Antes de llegar a su destino, el continuo y violento movimiento del vehículo a lo largo del camino causó que varias cañerías se soltaran así como algunos de los cables del sistema eléctrico. Bertha detenía el vehículo, reacomodaba todo y seguía su avance. Ante la falta de materiales recurrió a su vestuario y amarró las cañerías con piezas de lencería, demostrando su tenacidad y compromiso para alcanzar su meta.

Carl & Bertha

Escena de la película “Carl & Bertha”

Después de la puesta de sol y luego de 12 horas de viaje los Benz llegaron a Pforzheim, su destino. Lo primero que Bertha hizo fue enviar un telegrama a Carl contándole del exitoso viaje. Días más tarde emprendió el viaje de regreso por una ruta diferente. Esta vez cientos de periodistas esperaban el paso de esta maravilla de la ingeniería. Con una entrada triunfance de regreso en Mannheim, Bertha reportó la lista de modificaciones necesarias para mejorar el vehículo. La más importante fue una velocidad extra para subir colinas, lo que fue rápidamente implementado por Carl en el Motorwagen modelo 3, el que llegó a las más importantes ferias tecnológicas y exposiciones en Berlín y París.

Bertha logró su objetivo, todo el mundo se enteró del histórico viaje con lo que demostró lo que el automóvil podría lograr. El resto es historia, la demanda por el vehículo y los nuevos modelos obligó a expandir la compañía, la que se convirtió en la más grande productora de automóviles. El éxito financiero y comercial fue mayor al esperado. Décadas más tarde y hasta nuestros días la compañía pasaría ser conocida como Mercedes-Benz Motor Company. Carl Benz pasó a la historia, la Universidad de Karlsruhe, su alma mater, le concedió un doctorado honorario y Bertha Benz fue elegida senadora honoraria. Una placa y un monumento declaran a la farmacia en Wiesloch como la primera gasolinera en la historia y la ruta que Bertha siguió ese soleado día de agosto de 1888 es ahora una ruta histórica llamada Bertha Benz Memorial Route. Cada dos años decenas de modernos y futuristas automóviles siguen esta ruta como homenaje al histórico viaje de Bertha y sus hijos. En 2013 y conmemorando los 125 años del viaje de los Benz, el vehículo experimental Mercedes-Benz S500 Intelligent Drive, también conocido como Bertha, completó la misma ruta desde Mannheim hasta Pforzheim de manera completamente autónoma.

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Señales demarcan la ruta seguida por Bertha Benz entre Mannheim y Pforzheim

Carl Benz es sin duda el genio detrás del automóvil, sin embargo fue la tenacidad de Bertha Benz la que hizo posible que una visión se transformara en invención, para luego convertirla en una innovación y una revolución.

Imágenes: Mercedes-Benz Motor Company, Wikipedia

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Acerca de Jorge Diaz

Jorge es físico teórico. Obtuvo su Ph.D. en Física de Partículas en Indiana University, EEUU y luego trabajó como investigador postdoctoral en el Karlsruher Institut für Technologie, Alemania. Aunque su especialidad son los neutrinos y la física nuclear, ahora se dedica a Machine Learning en una industria de software. En Twitter: @jsdiaz_
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3 respuestas a Bertha Benz y su histórico viaje

  1. Miguel Merma dijo:

    Excelente narración. Además del ingenio, la tenacidad es indispensable para el éxito de cualquier emprendimiento.

  2. Muchas Gracias por tu trabajo y pasión por enseñar y divulgar.
    Saludos

  3. Jorge, no conocía la historia y me ha parecido fascinante. Y ya sabes que me encanta tu forma de narrar. Para mí cualquier entrada tuya es lectura obligatoria.
    Gracias por el artículo, lo he disfrutado muchísimo.
    Un beso

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